En Nahariya, a apenas 10km de la frontera con el Líbano, es difícil encontrar a alguien contento tras la firma de un alto el fuego con Hizbulá y frases como "la guerra no ha terminado" o "no me fío de ellos" se repiten en los cafés de esta localidad; que nunca fue evacuada y en la que las alarmas antiaéreas no han dejado de sonar durante el último año.